1982 – 2012: Cuando el ROCK hizo Patria – Parte II


Para algunos fue una sorpresa, pero ésos fueron los menos. Después de casi 30 años de existencia, casi nadie duda de la legitimidad de la música de rock local como expresión multitudinaria de la cultura argentina.

Y esa identidad que le pertenece en forma inapelable fue refrendada por la presencia de más de sesenta mil personas que adhirieron al llamado al reconocimiento por la solidaridad latinoamericana hacia nuestro país.

Los músicos respondieron con idéntico fervor sumándose a las actuaciones o simplemente acercándose al estadio para alentar a los colegas que lo hacían.
Por primera vez, la música de rock argentina contó con el apoyo irrestricto de los medios de difusión masivos. Luego de una intensa campaña de difusión radial y televisiva, el trascendental evento fue televisado en directo -y sin cortes publicitarios- a todo el país y por el canal 9. Dos emisoras radiales. Radio del Plata y Rivadavia transmitieron en frecuencia modulaba las alternativas del concierto. Esta apertura de los medios de comunicación habla de una toma de conciencia acerca de la identidad y la respuesta que tiene el rock argentino. Impulsado por la situación tan especial por la que el país atraviesa, y cuando se hace imperativo ejercer la soberanía que hace al ser nacional, el rock ha sabido responder con una expresión multitudinaria, masiva y con un contenido pacifista claramente explicitado.


La música de rock argentina, a través de su historia, supo sobrellevar y sobrevivir a los embates de las crisis económicas y los eventuales intentos de marginación de los sectores oscurantistas que siempre aparecen en toda estructura social. Cuando la crisis sea superada, y de la cual saldrá notoriamente fortalecido, el rock nacional habrá asumido en forma definitiva y total el papel que le corresponde dentro de ese enorme conglomerado que es la cultura argentina. Y ya nadie se sorprenderá del poder de convocatoria de esta música, porque para un país joven como es la Argentina no pueden quedar ignoradas las expresiones modernas y auténticamente locales.

http://www.youtube.com/watch?v=2tX7eQhI6FM&feature=related

Una de las canciones que más enfervorizó a la audiencia multitudinaria fue “La gente del futuro”. interpretada por Cantilo-Durietz. Este tema, que se ha transformado en un himno. Y allí, en esa multitud solidaria se encontraba la “gente del futuro”, los que conforman las nuevas generaciones que surcarán el destino de este país.

EL EVENTO

La realización de este Homenaje a la Solidaridad Americana contó con el apoyo de entidades estatales y privadas. El espacio físico fue cedido por el club Obras, entidad fuertemente ligada al rock nacional, la que prestó en forma gratuita el predio que ocupan el campo de rugby y el de hockey, además de la infraestructura del personal y la vigilancia. Canal 9 transmitió el evento sin cortes publicitarios, mechando las actuaciones con reportajes a los protagonistas y visitantes. También Radio del Plata y Radio Rivadavia transmitieron en directo las actuaciones y reportajes, cuyos fragmentos fueron repetidos en los días siguientes Participaron en él los músicos Fantasía, Soulé, Cantilo-Durietz, Dulces 16, Rada, Moro-Satragni, Nebbia, Tantor, Spinetta, Mestre, Gieco, Porchetto, García y Lebón. El sonido estuvo a cargo de León Milrud y la iluminación fue de Quaranta. Todos los grupos cedieron sus asistentes para el traslado y recambio de los equipos, todo bajo la coordinación general de los managers Daniel Grinbank y Pitty Iñurrigaro, asistidos por Alberto Ohannian, Oscar López y otros productores que prestaron su colaboración.

Absolutamente todos, desde los músicos al último asistente, trabajaron en forma gratuita.
También la entrada al concierto tuvo un precio – si así puede llamárselo- muy especial: una prenda de abrigo, cigarrillos o alimentos. Durante la semana previa al evento fue incesante el desfile del público que se acercó a Obras para retirar las entradas y dejar a cambio un donativo. Lo “recaudado” alcanzó para llenar cincuenta camiones, lo que demuestra una vez más el espíritu solidario de la gente joven.

LA MÚSICA

Con adecuada puntualidad, a las 17 horas comenzó el Festival de Solidaridad Americana. El primer acto estuvo a cargo del dúo Fantasía, quienes interpretaron tres canciones pertenecientes a su primer álbum. A pesar de cierta desprolijidad en las voces, el dúo transmitió su particular frescura.
Ricardo Soulé y su grupo, al que regresó Rodolfo Gorosito, fueron el número siguiente. Soulé tocó canciones pertenecientes a sus dos álbumes solistas, “De vuelta a casa” y “Romances de gesta”.

Luego vendría la primera emoción fuerte de la tarde: el dúo Cantilo-Durietz. Tocaron tres canciones de la nueva producción, cerrando el show con la “Gente del futuro”. El tema levantó a la muchedumbre que coreó con entusiasmo el estribillo. Cantilo habló a la audiencia sobre la importancia de lograr la paz, recibiendo la categórica y unánime respuesta afirmativa del público.

DETRÁS DE LA ESCENA

El clima de unión y confraternidad que se vivió durante el festival al aire libre realizado en el club Obras Sanitarias no fue algo exclusivo del escenario o la platea. También en los camarines se respiró ese clima tan especial. Allí estuvieron la mayoría de los músicos de rock argentino (García, Mestre, Porchetto, Gieco, Spinetta, Soulé, Pappo, Medina, Piero, Baglietto, Durietz, Tordó, Dulces, Cantilo, Rada, Fantasía, Moro, Lebón, Satragni, Basoalto, Zas, Martínez, Rapoport, Sujatovich, Pesavento, Rafanelli. Mollo, Toth, Tantor y muchos más) compartiendo bromas, charlas y refrigerios.


Una anécdota -de las muchas que hubo- pinta el clima vivido: en un momento, Pappo y Spinetta bebían gaseosas de espaldas entre si. Desde una ventana, unos chicos les gritaron algo insinuando una supuesta enemistad. Pappo se dio vuelta, lo abrazó a Spinetta y les dijo a los chicos: “¿Ven que no pasa nada, que todos somos amigos?” Y ésa fue la clave de la reunión: la amistad entre todos los participantes. Los músicos tuvieron la posibilidad de estar juntos y no la desaprovecharon ya que bien saben que, por sus actividades, es difícil que se dé una oportunidad así. Por supuesto, las charlas giraron en su mayoría sobre música, instrumentos y equipos. También se intercambiaron opiniones sobre el evento y sobre futuras reuniones. Uno de los más conversadores fue Pappo, quien habló con varios músicos sobre la posibilidad de formar un supergrupo para tocar eventualmente. Alfredo Toth y Raúl Porchetto serían dos de los participantes del proyecto. Otro que lució de muy buen ánimo fue Nito Mestre, quien no se cansó de contar su reciente experiencia en el Uruguay.
Ante la imposibilidad de acercarse al escenario para ver el espectáculo, varios músicos se colgaron auriculares y escucharon la transmisión radial. Otros optaron por acercarse hasta un monitor ubicado bajo el tablado y ver la emisión televisiva.
Antes de subir al escenario, la mayoría de los participantes fueron entrevistados a un costado.
Una vez concluida la fiesta, los músicos se quedaron largo rato en los camarines comentando la fascinante experiencia vivida. La mayoría de los comentarios giraron sobre la verdadera multitud que se dio cita en Obras. Como era de esperar, a medida que se aflojaron las tensiones, las bromas le fueron dando otro color a las charlas y entonces se escucharon comentarios irónicos sobre supuestas desafinaciones, problemas de cartel, calidad de los temas y duración de las actuaciones. Por supuesto, nada de esto existió realmente, pero el rock tiene humor y ésta era una excelente oportunidad para aprovecharlo.
Los últimos en abandonar el estadio fueron Mestre, Gieco, Molinari, García, Fontana, Tarrago Ros y Claudio Martínez, quienes se quedaron presenciando una nueva demostración de las dotes histriónicas de David Lebón, quien contó a su manera todo lo vivido en la tarde e hizo nuevas versiones – cómicas, por supuesto- de los temas interpretados por los diferentes participantes del festival.

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Dulces 16 sumó su cuota de rock’n’roll convencional, incluyendo una sorpresa extra: sobre el final subió al escenario el guitarrista Pappo, y con él interpretaron “Fiesta cervezal”, un tema que le pertenece. La calentura y la potencia fueron las constantes de esta formación clásica, reforzada en la ocasión con la presencia del líder de Riff.
En síntesis, los vestuarios también fueron una fiesta de la que participaron de buena gana todos los presentes, ya fueran músicos, managers, productores, periodistas, plomos, técnicos o simplemente amigos.

El negro Rada fue otro de los grandes animadores de la tarde. Presentó junto a su banda algunos temas de su producción. El ritmo y las armonías rioplatenses de su música despertaron la inmediata adhesión del público que, además aprovechó la oportunidad para testimoniar su afecto y solidaridad a un músico uruguayo, a un latinoamericano que está trabajando en la Argentina.
Oscar Moro y Alberto Satragni parecen dispuestos a concretar una de las rítmicas más poderosas del rock local. El proyecto pronto será registrado en los estudios. Mientras tanto, el dúo ofreció una interesante versión de su música con el agregado del guitarrista Ricardo Mollo, un muy buen instrumentista que aún no encontró la banda que le dé la posibilidad definitiva de trascender.
A pesar de que la pertinaz llovizna arreciaba y se convertía en densos chaparrones, el público soportó estoicamente sin abandonar sus lugares, agitando sus banderas y pancartas, en las que podían leerse consignas alusivas a la paz.
A pesar de la inclemencia del tiempo, el fervor no disminuyó cuando apareció Litto Nebbia, quien interpretó un par de canciones de sus últimos discos, incluyendo “Zamba de mi país”. Bastante esforzado en la parte vocal, Nebbia es uno de esos artistas que siempre consiguen transmitir sus sentimientos a la audiencia, aun en temas que no son de lo mejor de su producción.
El eléctrico Héctor Starc, contentísimo porque tenía la primera firma de un guitarrista argentino en su instrumento, nada menos que Pappo, provocó entusiasmo con sus solos, mientras que Cerviño, Torres y García aportaban el apoyo monolítico que caracteriza la nueva música de Tantor. De los dos temas interpretados, uno de ellos fue instrumental, y todos los músicos pudieron demostrar sus dotes técnicas.
Luis Alberto Spinetta actuó acompañado por los tecladistas Leo Sujatovich y Diego Rapoport. En un clima de profundo respeto interpretó dos canciones de su nuevo álbum solista, “Kamikaze”. Con la eficaz apoyatura de los tecladistas, Spinetta recreó una atmósfera intimista y sobria. En su diálogo con el público pidió un aplauso para Javier Martínez, a quien consideraba el precursor de ese tipo de reuniones musicales.
Con la aparición de Nito Mestre comenzó a presagiarse el gran final. Acompañado en piano por Juan Carlos Fontana tocó dos canciones de “20-10”, su último long play solista. Después de una cálida versión de “Hoy tiré viejas hojas”, Mestre invitó a subir al escenario a León Gieco.
Fue tal vez la ovación más fuerte de la noche; juntos interpretaron “La colina de la vida”. Después, Gieco invitó a Antonio Tarragó Ros y el aire se llenó de semblanzas litoraleñas. El mismo León recibió afectuosamente a Raúl Porchetto, y juntos cantaron “En el fondo del cielo”, una canción que Porchetto compuso para su pequeña hija. Otro tema de Porchetto fue elegido para la presentación de Charly García, David Lebón, Alfredo Toth y el propio Porchetto.
Luego de “Sentado en el umbral de Dios”, sólo quedaron García y Lebón para tocar dos temas: “Música del alma” y “San Francisco y el lobo”. Con el regreso a escena de Porchetto, Gieco y Mestre llegó el gran final.

Con una emotividad y un fervor que subía desde la muchedumbre, músicos y público entonaron la canción de Porchetto, “Algo de paz”. El adiós definitivo, y puntual, fue con una antigua y conocida melodía: “Rasguña las piedras”. Y se terminó, lenta y ordenadamente la multitud fue abandonando el estadio. Afuera, todavía quedaban algunas de las casi veinte mil personas que pugnaron vanamente por entrar. Fueron cuatro horas de música en paz.

LAS OPINIONES

Raúl Porchetto: “Todo lo que se vivió en Obras fue algo impresionante. Me impactó mucho cuando la multitud cantaba a coro con nosotros ‘Algo de paz’ y ‘Rasguña las piedras’. Confieso que en ese momento se me puso la piel de gallina. Pienso que el evento fue positivo para todos los argentinos.”
León Gieco: “Esto superó todos los límites de la imaginación. Fue algo impresionante que le va a hacer mucho bien a todos y que se va a recordar por largo tiempo porque, como dije antes, superó los límites de la imaginación. Yo pensaba que iba a ser algo grande pero no tanto como lo que fue.”
Claudio Martínez: “Lo que pasó aquí no me sorprendió en absoluto porque es lo que se vive en todos los recitales aunque en menor escala. Pienso que lo más positivo es que mucha gente que no sabía qué era el rock ahora se va a enterar y va a saber también cuál es el clima que se vive en un recital.”
Antonio Tarrago Ros: “Este festival fue una muestra más de lo centrado y responsable que es el público de rock, y de lo profesionales y talentosos que son sus músicos. Además, fue una ratificación de lo abierto que es el rock ya que se escucharon variadas tendencias y todas fueron aplaudidas. Te confieso que cuando vi tanta gente junta sentí miedo, pero no pasó nada y ésa es una muestra contundente de lo ubicados que son todos los que están en esta música.”
Nito Mestre: “En mi vida me voy a olvidar de lo que fue esto. Ver a toda esa gente reunida dispuesta a disfrutar de una tarde de música, paz y unión fue algo impresionante. Pienso que no tiene sentido hablar de quien tocó bien o quién tocó mal. Lo importante fue que estuvimos todos juntos y que la tarde fue una verdadera fiesta para todos.”
Luis Viola: “Cuando subí al escenario y vi a toda esa gente allí reunida sentí ,una emoción terrible. Y cuando arrancamos con ‘Corrientes esquina tango’ y la gente cantaba con nosotros, sentí la satisfacción más grande de mi vida. Pienso que ésta fue la ratificación de lo positivo que es el rock en todos los órdenes.”
Miguel Cantilo: “Cuando subí al escenario me temblaron las piernas al ver a toda esa gente reunida para participar de algo a lo que nadie debe estar ajeno: la paz. Creo que una de las cosas fundamentales de este evento fue el de demostrarle a todo el mundo que podemos reunimos a escuchar música y sabemos hacerlo todos juntos.”
Beto Satragni: “Creo que lo importante del festival no fue sólo la música, sino el espectáculo que dio esa multitud. A la gente le gusta ver a los músicos juntos y sin dudas eso repercute en sus ánimos porque los motiva a unirse también. Ojalá este tipo de reuniones puedan hacerse seguido porque es una buena forma de pasarla bien todos juntos.”
Rinaldo Rafanelli: “El festival fue la demostración bien concreta de todo lo que este movimiento viene proponiendo desde hace más de diez años. Con lo de Obras se demostró que el rock no es extranjerizante sino que es una fuerza popular muy importante y bien nacional. Es innegable que no hay ningún otro movimiento capaz de producir algo similar.”
Gabriel Maccioco: “Ahora ya a nadie le pueden quedar dudas de que el rock es lo más grande que hay en la Argentina. Ninguna otra música es capaz de congregar tanta gente. Pienso que ése fue el éxito del recital.”

EL PUBLICO

Desde hora temprana, una fervorosa multitud se acercó hasta las adyacencias del club Obras Sanitarias en silenciosas caravanas que obligaron a media tarde a desviar el tránsito de la Avenida del Libertador. Portando banderas, pancartas y carteles con leyendas alusivas a la paz, la multitud ocupó las canchas de hockey, rugby y cuanto espacio libre hubiera en el club. Incluso los balcones de edificios cercanos se poblaron también de espectadores ansiosos.


La primera reacción unánime del público fue cuando por los parlantes se escucharon las estrofas del Himno Nacional Argentino cantado a coro por una multitud de pie.


Los encargados de abrir el show fueron los integrantes de Fantasía, cuyo tema “Corrientes esquina tango” hizo que la gente empezara a olvidar el frío y la lluvia y desentumeciera sus brazos haciendo palmas. Sin incidentes graves -sólo algunas personas con sofocones y desmayos- el show prosiguió con el rock’n’roll de la banda Soulé y su invitación al baile. Y cuando Cantilo-Durietz entonaron “La gente del futuro”, las palmas y el coro de miles de personas pusieron el toque emotivo del festival. Otra de las grandes muestras de afecto se produjo cuando los Dulces 16 invitaron a Pappo a tocar un tema con ellos. Allí los clásicos “¡Viva Pappo!” fueron más ensordecedores que nunca. Litto Nebbia y Luis Alberto Spinetta también recibieron idénticas muestras de fervor, arrancando ovaciones no bien pisaron el escenario.
La actuación de Nito Mestre obtuvo idénticas dosis de silencio respetuoso y gritos histéricos, ambos rubricados con calurosos aplausos al final de cada tema. Pero cuando se le unió León Gieco para hacer “La colina de la vida” la gritería fue infernal.

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Y corroborando lo abierto que es el público de rock, cuando Gieco invitó al escenario a Antonio Tarrago Ros, la gente lo recibió de idéntica forma que al resto de los músicos.
Los aplausos aumentaron cuando Gieco llamó a Raúl Porchetto para hacer a dúo “En el fondo del cielo”. Y cuando subieron Charly García, David Lebón y Alfredo Toth para hacer con Porchetto “Sentado en el umbral de Dios”, comenzó el gran final de una gran tarde. García y Lebón hicieron cantar luego a todo el mundo con “San Francisco y el lobo” y “Música del alma”.

Pero el pico más emotivo del concierto se vivió al final con Lebón, Gieco, Porchetto, Mestre y García cantando a coro con la multitud un tema cuyo título fue la síntesis de la propuesta esgrimida en la reunión: “Algo de paz”. Pero el rock es el rock y tiene una norma: el bis. Y el bis hizo temblar de emoción a todos los presentes. La super banda atacó con “Rasguña las piedras” y nadie permaneció callado. De pie, cantando y encendiendo velas y fósforos, el público gozó del tema y puso el cierre digno para una gran fiesta.

http://www.magicasruinas.com.ar/rock/revrock210a.htm

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